Saturno y Neptuno a 0° Aries
La cristalización del cambio
El botón de inicio.
El 27 de enero de 2026, Neptuno ingresa en Aries. Pocos días después, entre el 15 y el 22 de febrero, Saturno se alinea con Neptuno a 0° de Aries: el punto vernal, el grado cero del zodíaco. No es un grado cualquiera. Es el reset, el comienzo absoluto, el primer latido del ciclo.
Cuando lo confuso toma forma
Neptuno tiende a disolver, a idealizar, a difuminar los bordes. Saturno, por su parte, endurece, estructura, da contorno.
Su encuentro en el origen del zodíaco no es exactamente un choque, sino una conjunción de opuestos: lo amorfo encuentra su molde, lo invisible su contorno, lo soñado su peso. Es el momento en que aquello que flotaba en la niebla empieza a cristalizarse en formas concretas.
Históricamente, cada conjunción Saturno-Neptuno ha marcado un antes y un después:
- 1989: caída del Muro de Berlín
- 1953: muerte de Stalin, fin de la Guerra de Corea
- 1917: Revolución Rusa
No se trata de casualidades. Son momentos en que los ideales colectivos chocan con la realidad material… y algo nuevo comienza a gestarse entre las ruinas.
Neptuno en Aries: acción sin rostro
Neptuno en Aries no sugiere guerras tradicionales, sino conflictos más difusos:
- Batallas en el ciberespacio, donde el enemigo no tiene bandera
- Tecnologías bélicas sin presencia humana directa
- Liderazgos impulsivos envueltos en narrativas mesiánicas
- Movimientos sociales descentralizados, sin jerarquía clara, a veces sin nombre
Aries es fuego cardinal: impulso, iniciativa, afirmación del yo. Pero Neptuno lo vuelve poroso. Las fronteras entre héroe y villano, verdad y ficción, valentía y delirio, se tornan permeables. ¿Quién actúa? ¿Por qué? ¿En nombre de qué ideal?
Saturno responde: ¿qué construimos con esto?
Saturno no trae el caos. Trae la consecuencia, la estructura que emerge después de la disolución.
Donde Neptuno siembra niebla, Saturno puede levantar muros… o puentes. Depende de nosotros y de las decisiones que tomemos en este cruce.
En febrero de 2026, lo que lleva años gestándose en lo invisible comenzará a manifestarse de forma tangible. No será el inicio del cambio, sino su cristalización. Algunas estructuras que han resistido décadas podrían debilitarse o incluso colapsar:
- Ciertos modelos políticos sostenidos más por inercia que por legitimidad
- Sistemas tecnológicos que crecieron sin marco ético ni regulación
- Ideales culturales ligados a formas de heroísmo, individualismo o masculinidad que ya no resuenan
Pero no se trata solo de lo que cae. También de lo que emerge.
Tres planos donde el sueño podría hacerse materia
- Tecnológico: La inteligencia artificial, que durante años fue pura promesa (Neptuno), podría comenzar a integrarse con límites más claros, regulaciones concretas, responsabilidades definidas (Saturno).
- Espiritual: Fin de espiritualidades difusas o escapistas. Posible surgimiento de prácticas con más disciplina, raíz histórica y responsabilidad ética.
- Cultural: Agotamiento de ciertos mitos artísticos… y emergencia de lenguajes creativos que busquen estructura, rigor y audacia a la vez.
No hay espectadores
Este tránsito no nos observa desde lejos.
En el cruce entre el caos creativo de Neptuno y la exigencia estructural de Saturno, justo en el punto donde todo comienza, no hay lugar para la neutralidad. Solo para la participación.
La pregunta no es qué nos traerán los astros.
Es: ¿qué estamos dispuestos a construir con los materiales que esta era nos ha entregado?
Materiales confusos. Idealistas. Crudos. Reales.
El sueño está a punto de volverse piedra
A 0° de Aries, no se trata de reformas. Se trata de renacimiento.
Lo que nazca ahora no será un ajuste del viejo mundo, sino el embrión de uno nuevo. Frágil al principio, como todo lo que nace. Pero con el potencial de reorganizar la experiencia colectiva.
Así que surge la pregunta:
¿En qué sueño quiero vivir?
Porque ese sueño… está a punto de tomar forma.
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